Entrevista a Jeanne Magagna

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A raíz de su visita a Lima, Jeanne Magagna conversó con Inter-Cambio acerca del libro que vino a presentar, El niño en silencio: La comunicación más allá de las palabras. Una excelente oportunidad para comprender la importancia de la técnica de Observación de Infantes en el trabajo clínico con pacientes adultos difíciles.

De dónde proviene el interés por el estudio de la relación temprana? De dónde nace esa capacidad que tiene para traducir en palabras gestos, miradas, tonos de voz, juegos, etc?

Cuando yo era una profesora en Chicago para niños inmigrantes muy pobres que no hablaban inglés, había un niño muy pequeño que jugaba repetitivamente pero no hablaba. Yo me interesé en él. ¿Por qué un hijo de una madre normal no podía hablar y por qué no podía jugar simbólicamente como los otros niños? Luego de esa experiencia me mudé a Londres y estudié en el Tavistock Institute. En el programa de psicoterapia de niños uno de los requisitos era observar un bebé una vez por semana durante 2 años. Es decir, yo no escogí entrar en esto pero yo sí tenía una pregunta: ¿por qué un niño no se desarrolla normalmente?. En la observación de infantes, cuando miras la interacción comprendes que hay bebés que a priori no están abiertos a sus padres.

En su libro El niño en silencio: La comunicación más allá de las palabras, Ud no habla del autismo como un estereotipo sino que se refiere al “síndrome de retiro generalizado”. Cuál es la diferencia?

Aquellos niños que yo traté no eran autistas en la infancia temprana. Estaban perfectos. En el libro yo describo los factores que pueden provocar que un niño enferme. El común denominador es que estos niños se sienten solos. Por ejemplo, un niño israelí que su padre se volvió homosexual y esto fue tan traumático para la mamá que ella no lo pudo tolerar. Quiero decir que si la madre o el padre no están psicológicamente bien y disponibles luego el niño es como si no tuviera padres. Ellos no están para él. El conflicto en una pareja no sólo les pertenece a ellos sino que el hijo queda relegado porque los padres no pueden leer sus emociones, están tomados por sus propios problemas. Muchos niños perfectamente normales pueden enfermarse de anorexia nerviosa cuando no han tenido padres compasivos. Los factores que pueden colaborar en que un niño enferme son abuso sexual, abuso físico y traumas por guerra… pero lo más frecuente es que entre los niños perturbados que veo no han vivido verdaderos traumas. Basta con una dinámica familiar que utiliza la negación como mecanismo de funcionamiento para que el niño enferme. Es una familia que no ha desarrollado una forma distinta de lidiar con los conflictos. Por ejemplo, familias que tienen abuelos que han estado en el holocausto aprenden a no hablar del pasado. Uno tiene que encontrar la forma de hacer consciente la hostilidad inconsciente y trabajar el conflicto.

En su libro El niño en silencio Ud sostiene que cuando los padres no pueden acoger el dolor y la aflicción de sus hijos se desarrollan conductas como el no comer, no hablar y no caminar. Desde esta perspectiva, cómo explica las somatizaciones tan frecuentes hoy como la fibromialgia, las migrañas, las alergias de la piel, las hipocondrías, etc?

Uno nunca sabe las causas de un dolor de cabeza o de un dolor de estómago. Los hospitales solo reconocen los aspectos físicos de la enfermedad. Nosotros los psicoterapeutas no sabemos cuánto es lo físico y cuánto lo emocional. Lo que sí sabemos es que el paciente está sufriendo. Y eso hay que decírselo al paciente. Muchas veces los niños retienen su dolor como una protección contra aspectos emocionales que no pueden manejar. Un dolor de estómago en uno de los miembros puede estar expresando el dolor de la vida familiar. El dolor físico es un tipo de protección así como la anorexia es una protección contra abrumadoras ansiedades psicóticas. Los psicoterapeutas debemos trabajar lento y ser conscientes de que no estamos allí para que los pacientes se deshagan de sus formas de protección sino para que se puedan sentir más aliviados y no tan prisioneros. Ellos se enferman más si nosotros tratamos de que mejoren. Hoy la técnica es muy diferente. Daniel Stern dice que los niños somatizan cuando no ha habido un suficiente “atonement” entre ellos y sus madres. Supuestamente, los padres reciben las proyecciones insoportables de emociones, sensaciones y estados físicos del bebé y se le los devuelven modificados. Sin embargo, esto puede ser mucho para una madre porque a su vez ella no tuvo padres que contengan sus propias proyecciones. El bebe entonces aprende que la madre se siente perturbada cuando proyecta su hostilidad o cuando llora incesantemente. La investigación nos demuestra que el bebé termina por aprender esta forma de la madre de funcionar y en vez de proyectar, somatiza sus afectos hostiles. Los cólicos y los estreñimientos por ejemplo ocurren cuando el dolor emocional del bebe no es recogido por los padres sino que regresa como un boomerang. Entonces, lo crucial es cuánto dolor puede la madre o el padre tolerar.

Nosotros hemos subestimado completamente el rol del padre como soporte de la madre. Uno de los temas que yo he trabajado ha sido incluir en la crianza de los niños menores de 5 años la figura del padre. Cuando yo recibo un niño en terapia yo pongo como condición que ellos tienen que ayudarme participando ambos en el tratamiento. Uno puede hacer terapia por años con un niño y no observar ningún cambio en su entorno.

A propósito de la figura del padre, aquí en el Perú es muy común que el padre se ausente de la crianza de sus hijos. Cuál es el rol del padre en el periodo pre- edípico?

Desafortunadamente en Inglaterra también. Hay que empezar por prevenir la salud mental. Que las guarderías y los nidos sean comunidades terapéuticas donde las parejas, padres solteros, padres divorciados formen un grupo de padres de tal forma que el rol de la paternidad sea lo más importante. Inclusive si uno de los padres abandona a la familia o si el padre simplemente ha desaparecido, hay que trabajar con la mamá y explorar en la familia extensa quién es la figura paterna que podría dar soporte. Si el padre no está la madre debe conservar la idea de un padre dentro de ella aunque sea que el hijo haya nacido de una noche de sexo. Hay que ayudar a esa madre a mantener la presencia del padre en su mente si éste se ha ido. Si es un divorcio, la madre tiene que tratar de olvidarse de su matrimonio y transmitirle a su hijo la parte buena de él a pesar de que pueda estar odiándolo como pareja.

Para que eso suceda, la madre tiene que estar en muy buen estado psicológico

En Roma tenemos un programa donde los padres vienen con sus hijos a la guardería una vez por semana y aprenden a conocer mejor a sus hijos. Ellos también aprenden que tienen que poner a un lado su matrimonio y conectarse con lo que el hijo necesita. Y lo que éste necesita es mucho desarrollo psicológico de sus padres. Si los padres se odian, ellos tienen que poder dialogar en torno a las necesidades de sus hijos. El 50% de las parejas inglesas se están divorciando y los chicos están sufriendo. Más allá de ser una pareja tenemos que ser padres.

Cuando yo leía su libro pensaba en la observación de infantes como un modelo clínico o un gran marco de referencia en el trabajo con pacientes. ¿Cómo podemos aplicar la observación de infantes al trabajo con pacientes adultos difíciles?

La idea es que todos tenemos una parte infantil interna y ésta necesita ser pensada y recogida para luego poder ser proyectada en alguna clase de expresión simbólica como dibujos, sueños, escritura. En la psicoterapia de adultos que yo practico, trato de observar cómo la parte madura de la personalidad piensa sobre la parte infantil o sobre la vida emocional interna, como lo quieras llamar. Por ejemplo, yo tengo una paciente de 26 años que se está formando como psicoterapeuta que me acaba de escribir un mail contándome que no le gusta su nueva profesora y yo me pregunto si al hablar de esta nueva profesora no está hablando de mí también. Y me siento terrible. Y pienso cómo esta “pequeña niña” se siente con respecto a haberme ido y haberla “dejado” ahora que estoy de gira para presentar mi libro. Esta es la primera vez como psicoterapeuta que me voy tanto tiempo de viaje, normalmente salgo un par de semana de vacaciones. Lo que pienso es que el infante dentro de ella está lastimado por mi partida tan larga para presentar mi estúpido libro. Se siente dañada y la parte dañada tiene que defenderse y entonces está molesta, con rabia. Está molesta conmigo pero no de una manera consciente. Es muy difícil para ella contener esta rabia y la hostilidad que siente hacia mí la ha trasladado a otras figuras que me rodean y me representan. La pequeña niña dentro de ella se siente abandonada por mí. Este es un caso fácil. Lo difícil es cuando llega un paciente nos habla y habla y uno no encuentra cuál es el punto principal del dolor. Uno siente que ha habido una ruptura. Tenemos la responsabilidad de decirles “pienso que algo de lo que te dije te pasó fue demasiado para ti”. Tengo una paciente con anorexia nerviosa que un día llegó a mi consultorio y por primera vez en la vida yo no estaba porque cometí un error. A pesar de que le expliqué que yo era la que estaba equivocada y no ella, no lo pudo aceptar pues es más fácil culparse del error que conectarse con el sentimiento de abandono. Cuando la relación con el psicoterapeuta se empieza a consolidar la parte infantil se hace cada vez más visible o más demandante y uno como profesional tiene que estar atento a ese aspecto.

Pensaba en los pacientes que no toleran el silencio en sesión. Ud en su libro reivindica el silencio como una forma de comunicación y por lo tanto abre las posibilidades del contacto humano más allá de las palabras…

Si pero yo no creo que con un paciente muy enfermo y probablemente con la mayoría de niños uno deba quedarse sentado en silencio. Yo siento que los pacientes muy enfermos necesitan que les transmitas un conocimiento verbal de lo que ellos están pensando. Aunque sólo sea una oración. Porque esas personas que no se pueden conectar se sienten solos. Es un problema que tenemos en Londres con algunos psicoterapeutas que esperan que el paciente hable. Yo no estoy de acuerdo con eso. No es normal. Cuando un paciente está en silencio podemos decirle por ejemplo, ¿de qué se trata ese silencio?. En mi libro yo me pregunto qué pasa cuando alguien no habla. Yo propongo que las enfermeras, los doctores y los psicoterapeutas no pregunten directamente. La tarea es entender qué nos está diciendo el paciente con su silencio. En niño en silencio puede querer decirnos: ¿entiendes mi silencio? o “puedes tú entender este silencio?”. Y eso significa “tú puedes entenderme?”. Nuestra tarea es preguntarnos a nosotros mismos qué estamos sintiendo y desarrollar curiosidad para entender qué puede estar pasando con el paciente. Un niño silencioso tiene cientos de preguntas.

¿Siente que tal vez trabaja más con el cuerpo que con las palabras?

No. Yo trabajo con lo que siento y el sentimiento está en ambos, en el cuerpo y en las palabras. El sentimiento o la emoción no tiene nada que ver con el contenido. Uno de los cambios más prominentes en el trabajo psicoanalítico con pacientes borderlaine es que nosotros, los psicoterapeutas, tenemos que expresar los sentimientos que ellos no pueden nombrar. Así como la madre con su bebé, tenemos que tolerar lo que para el paciente resulta insoportable. Hasta que ellos logren hacer algo más que solo proyectar sus aspectos intolerables sobre el analista.

Jeanne Magagna

Jeanne Magagna

Jeanne Magagna comenzó su vida profesional como profesora. Recibió el título de psicoterapeuta profesional de niños, adultos y familias en la Tavistock Clinic de Londres. Fue jefa del Servicio de Psicoterapia del Great Ormond Street Hospital for Children de Londres, durante veintidós años. También trabajó durante diez años en el Ellern Mede Centre for Eating Disorders de Londres. Magagna, asimismo, obtuvo un Doctorado en psicoterapia en la University of East London y en la Tavistock Clinic. Su especialidad se centra en la aplicación del entendimiento de la observación de bebés en el trabajo con niños que presentan dificultades en la comunicación y anorexia nerviosa.  Es autora de -entre otros- el artículo: “Tres años de Observación de Bebés” y el libro “That silent child” donde aborda el trabajo con niños y adolescentes silenciosos.

Jennifer Levy

Jennifer Levy

Psicóloga, psicoterapeuta y magíster en Literatura hispanoamericana. Es analista en formación en la Sociedad Peruana de Psicoanálisis (SPP).