Desde una perspectiva psicoanalítica, resultan preocupantes los eventos sociales que se han sucedido luego de la decisión del ex presidente Alan García de quitarse la vida, en el contexto de su arresto preliminar por graves acusaciones de corrupción.

El suicidio como acto individual es un fenómeno complejo, determinado por factores que varían en su naturaleza de individuo a individuo. Como punto de información, es importante decir que las tendencias suicidas no sólo resultan de la depresión y la culpa melancólica. También se asocian al suicidio elementos como la furia narcisista, la destructividad y otros complejos procesos mentales y emocionales internos. En todo caso, dados los eventos de estos días, es importante que familiares y amigos estén atentos a cualquier cambio en las personas que saben en riesgo.

Consideraciones éticas y profesionales impiden que nos dirijamos a los procesos del  drama personal y familiar del ciudadano Alan García Pérez. En ese ámbito sólo se puede resaltar la importancia de hacer espacio al difícil proceso de duelo, que permita elaborar una despedida a partir de un final tan violento.

Ya tenemos valiosas reflexiones de profesionales sobre los aspectos históricos, legales y políticos de estos penosos eventos. Nuestra responsabilidad es dirigirnos más bien a los aspectos emocionales grupales. Estos eventos han generado un aprovechamiento por determinados sectores que han creado confusión y tergiversaciones, propiciando un momento social muy perturbador para la salud mental en nuestro país.

Cabe destacar tres aspectos que causan especial preocupación. El primero es la grave afectación de un sector de personas que sufren dificultades y vulnerabilidades individuales en relación al suicidio, que han sido puestas en peligro por el irresponsable manejo de la información que incluye en muchos casos una glorificación del suicidio.

En ese sentido, creemos que es fundamental resaltar la necesidad de seguir ciertos parámetros ya establecidos, incluyendo la presencia en los medios de expertos calificados que asesoren en la presentación de los hechos. Uno de los aspectos de la impulsividad suicida es el efecto desencadenante de copia que puede generar la información presentada de modo idealizado y masivo. Particularmente importante es atender al impacto de estos hechos y su presentación en las mentes de los niños y adolescentes. Para ellos, estos momentos exigen particular atención. Siendo este un grupo particularmente vulnerable al impacto de la muerte y el suicidio, es fundamental que las familias y las escuelas abran espacios de escucha y reflexión sobre estos temas, tomando en cuenta las necesidades de cada grupo de acuerdo a su momento de desarrollo.

El segundo aspecto preocupante es más general y corresponde a la tergiversación que glorifica este suicidio como si hubiese sido un acto de amor patriótico, un digno sacrificio por la justicia y el bien común. Estas comunicaciones construyen la decisión del ex presidente como un gesto de liberación al rebelarse contra la persecución tiránica.  “Otros” se apoderan de un acto profundamente personal y lo utilizan contra sectores que consideran enemigos de sus intereses. Este “hecho de sangre” adquiere así un carácter grupal. El discurso propuesto como relato sustituye la realidad por una fantasía: Por un lado, aparecen perseguidores homicidas (los fiscales, una parte de la prensa, el presidente Vizcarra, etc.). Por otro lado, se presentan sectores víctimas (el ex presidente, sus correligionarios, otros personajes y grupos políticos), que aparecen indignados por la injusticia y la ofensa frente a su líder inmolado. Los que no éramos partidarios de García no podemos dejar de sentirnos impactados por la tragedia humana, la justicia frustrada y hasta por cierta culpa inoculada por la violencia del suicidio.Son notables en ese sentido las asociaciones intencionales y explícitas al juicio de Cristo y las muestras de congoja masivas para un candidato que sólo saco 5% de votación en las últimas elecciones.

Nuestra fragmentación, la tradición caudillista y la experiencia social de orfandad paterna son elementos que contribuyen a la receptividad de esas manipulaciones destructivas. Son obviados en estas versiones los hechos reales en donde una investigación judicial avanza hacia la verdad, como en el caso lamentable de los otros cuatro ex presidentes. Sobre todo, tenemos la explicación pública de la propia carta final de García, en la que su suicidio aparece como expresión de la incapacidad de tolerar la humillación de tener que rendir cuentas frente al sistema de justicia. Otro aspecto vinculado a estos procesos grupales es la negación de la auto-destrucción  de García que toma fuerza en redes sociales. Esta fantasía presenta un “falso suicidio” como el triunfo eterno de la viveza y la impunidad.

Un tercer aspecto muy importante, es que estas distorsiones convierten en monstruos a un sector de nuestro Estado, que representa la esperanza de que la verdad se abra paso. El equipo especial de fiscales del caso Lava Jato es justamente un sector que nos presenta con la esperanza histórica de que se construyan prácticas judiciales más saludables en nuestra sociedad. No se trata de idealizar a los fiscales o de no tener la libertad de criticar aspectos imperfectos de su accionar. Sin embargo, han terminado siendo calificados por distintos representantes de sectores políticos, legales, intelectuales, periodísticos y hasta religiosos en términos que han llegado hasta la inaceptable comparación con la Gestapo de Hitler. Lo mismo ha ocurrido con un sector de la prensa independiente y con algunos de los adversarios políticos de García, quienes enfrentan hoy múltiples amenazas de muerte y venganza.

Esta claro que gran parte de lo que está perturbado en nuestros vínculos sociales proviene de la mentira y el encubrimiento del abuso de poder de sectores estatales y empresariales en nuestro país. La intencional confusión del sentido y, peor aún, la instrumentación del suicidio de Alan García a favor del encubrimiento de la verdad con fines de impunidad y beneficio personal y político sólo pueden enfermarnos más.

Tanto individual como colectivamente necesitamos que la verdad se abra paso. La creatividad y la vida emocional prosperan si podemos apoyarnos en condiciones más justas y verdaderas. Nuestros esfuerzos pueden aspirar a que la destructividad que prevalece en nuestros vínculos no mantenga los dados marcados y que pueda construirse un sistema de relaciones donde la justicia y el derecho a la vida finalmente sean para todos por igual.

Liliana Blaustein

Liliana Blaustein

Directora ejecutiva de Inter-cambio, Instituto de Psicoterapia Psicoanalítica

Es Mg. en trabajo social psiquiátrico. Ha sido directora académica en EPCA y directora clínica en CEDAP. También ha trabajado en el departamento de psiquiatría del Columbia-Presbyterian Medical Center y en el programa de fármaco-dependencia de Beth Israel Center en Nueva York. Tiene experiencia clínica en Nueva York, Managua y Lima.