Este es solo el inicio

Artículos, Teoría

Cuando me propusieron escribir la primera columna del candidato, acepté rápidamente. Conforme fue pasando el tiempo, me di cuenta que era una tarea algo más complicada, pues me era difícil resumir mi experiencia, era difícil ponerla en palabras. Este es el primer número de la revista de Inter-Cambio, la revista que está dedicada a los inicios, razón por la cual esta vez me animo a contar cómo fue para mí el formarme en una institución que está en sus inicios, el formar parte de la promoción con la que se inició, y cómo ha impactado mi formación en lo que espero sea el inicio de una largo camino como terapeuta.

Inter-Cambio apareció dentro de mi panorama un día en que no tenía aún muy claro qué quería hacer, lo único que sí sabía, desde hacía un tiempo, es que ya era momento de continuar formándome, aunque no llegaba a concretarlo. Tenía ya en ese entonces algunos años atendiendo, pero sabía también que la formación era necesaria y me aportaría en un sentido distinto. Recuerdo que una de las cosas que más me gustó de la propuesta del instituto, fue el poder profundizar en el alcance del psicoanálisis desde su aplicación en otros campos, así como la idea de encontrar un espacio de intercambio, en el cual pudiera nutrir mi práctica clínica no solo con conocimientos sino también al aproximarme a las experiencias y miradas de mis compañeros y profesores. Lo que escuché del instituto me gustó, apareció siempre el miedo de emprender un camino nuevo, no solo desde mi experiencia, sino también desde una institución que recién empieza. La pensé un momento, tampoco mucho, y me animé. Así fue como comenzó esta aventura que, luego de casi tres años, está por terminar.

Ahora bien, eso de “está por terminar” se siente cierto en un sentido concreto, pero nada real en un sentido más abstracto. Si bien los cursos se circunscriben a un tiempo determinado, la formación me ha dejado claro que este proceso no tiene un término, que nunca se detiene, y saberlo me resulta apasionante. Ha sido un camino largo, de un ritmo muy intenso, de algunas tensiones, y de momentos muy bacanes también. Creo que más allá de lo demandante del ritmo académico, se impone el reto de mirarse a uno mismo, de transitar por un intenso ejercicio interno, constante, que si bien no es exclusivo del periodo de formación, se siente con más fuerza.

Creo que dedicarse a esta profesión no es fácil. El mundo en el que vivimos presiona cada vez más por ir rápido, detenerse es muchas veces visto como sinónimo de debilidad, y pensarse a uno mismo y a los demás muchas veces no tiene un espacio. En ese sentido, el apostar por una propuesta que prioriza el camino más que la meta, es a veces incomprendido. Luego de este tiempo solo confirmo que por más que a veces resulte difícil y frustrante, también es un camino totalmente gratificante, que me hace feliz y me lleva a seguir queriendo apostar por él y por el trabajo en beneficio de las personas.

Mi proceso de formación ha tocado fibras muy profundas, removido aspectos de mí misma que necesitan seguir siendo pensados y elaborados, me ha vuelto en varios sentidos una persona distinta. En estos tres años en los que he vivido momentos intensos en mi vida, algunos no tan sencillos, el proceso de formación ha sido un reto pero también una gran satisfacción. Creo que es una experiencia que en balance resulta muy especial, y me deja con la sensación de que en este último ciclo, son más las dudas que las certezas, lo cual me alivia y resulta ser el aprendizaje más importante para mí en este tiempo.

Cuando recién empezó este camino, la figura de ser “candidata”, el término en sí mismo, me resultaba un poco extraño. El candidato es aquella persona que aspira a acceder a un cargo o una posición, en este caso a ser un terapeuta de orientación psicoanalítica. Es una palabra que lleva implícita la idea de un proceso, de una búsqueda, lo cual hoy me lleva a pensar que me gustaría ser siempre una candidata en mi vida como terapeuta, que aspire a seguir creciendo, a seguirse enriqueciendo, a no dar nada por sentado, a buscar generar una constante contribución a la vida de los demás y, con ello, también a la mía. Creo que esto trae consigo una gran responsabilidad, sobre todo en nuestro país, donde la salud mental aún no tiene el espacio que nos gustaría. Tenemos la responsabilidad de trabajar por llevar la mirada psicoanalítica a todas las personas, más allá de los círculos privilegiados, y por generar espacios en donde la conexión con las propias emociones resulte ser una oportunidad de crecimiento. Para mí, este es solo el inicio de un largo y emocionante recorrido.

Luciana Chiaravalli

Luciana Chiaravalli

Psicóloga clínica. Trabaja en le ONG Da un Chance, donde coordina un programa social que busca generar mejores oportunidades educativas para niños de bajos recursos económicos. Egresada del Instituto Inter-cambio, se dedica a la consulta privada con niños, adolescentes y adultos.