Intercambio: fundar un sueño

Teoría

Debes amar el tiempo de los intentos

Debes amar la hora que nunca brilla

Y si no, no pretendas tocar lo cierto

Solo el amor engendra la maravilla…

Silvio Rodríguez

En el psicoanálisis, como todas las artesanías, se transmite de maestros a iniciados de una generación a otra, desde Freud hasta nosotros. Este quehacer ha progresado en relación íntima con la evolución de la teoría y el método psicoanalíticos hacia una mayor precisión y rigurosidad de nuestra verdad. Sin embargo, la historia nos encuentra en la paradoja de que mientras la capacidad de los psicoanalistas abarca hoy territorios antes insospechados, la sociedad occidental se encuentra en un curso que aleja a los grupos y a los individuos de acceder a la subjetividad inconsciente. La cultura de lo inmediato es totalmente ajena a los enormes beneficios que el poder pensarnos -la transformación del soñarnos- traería a nuestras vidas colectivas.

En este contexto, la apuesta por establecer un instituto que forme psicoterapeutas psicoanalíticos se ubica a contracorriente de ciertos movimientos económicos y sociales prevalentes, pero también se alinea en la batalla que ha marcado al psicoanálisis desde sus inicios. Es una apuesta que requiere de una convicción apasionada por el valor de aportar a la continuidad de esa batalla. En última instancia, es un grano de arena más que propone la construcción, la creatividad y el amor a la vida, en un presente histórico tan poco propicio para lo humano.

Inter-Cambio, Instituto de Psicoterapia Psicoanalítica, se funda en el año 2014, en Lima. Este artículo es una reflexión sobre algunos aspectos de la experiencia vincular de iniciar una institución psicoanalítica. Parte de la experiencia viva de Inter-Cambio, pero sólo como un referente. Mi intención es ilustrar la discusión de algunos elementos comunes a los inicios de los vínculos institucionales conocidos por todos pero poco re-conocidos y pensados. Son justo esos elementos aquellos que se oponen a soñar y elaborar la evolución y la realización del sueño.

 

Inicios de los inicios

Centrándonos en la formación psicoanalítica, no deja de ser una historia difícil. La evolución de institutos de formación en psicoanálisis y en psicoterapia psicoanalítica se ha caracterizado por un complejo devenir (Green, 2005 y Kernberg, 2006). Se suceden las idealizaciones y rebeliones, también las tiranías y revoluciones. Siendo intensa y, a veces, hasta violenta, es también una historia fructífera y diversa. Los aportes de las principales escuelas se dirigen de maneras complementarias a aspectos específicos de nuestro complejo sentir y pensar. Por ejemplo, el desarrollo de teorías sobre la importancia del vínculo intersubjetivo le da el encuentro al desarrollo de la comprensión de las funciones mentales. Pero sobre todo, la riqueza del psicoanálisis al presente es el reconocimiento unánime de que ser psicoanalista o psicoterapeuta psicoanalítico implica estar situado en un lugar de permanente movimiento dialéctico. El complejo transitar de un terapeuta se desarrolla entre la incertidumbre del no saber, la búsqueda permanente del aprender y el hallazgo vital de la verdad emocional (efímera o no) que puede aparecer en el momento vincular (Lutenberg, 2004). Lo trascendente de esa dinámica está en la posibilidad de aportar a la transformación de nuestros pacientes, nuestras culturas y, sin duda, de nosotros mismos.

Los institutos y escuelas psicoanalíticas han evolucionado de fenómenos grupales complejos. Un ejemplo interesante es el predominio o la exclusión de ciertas profesiones sobre otras, de la formación psicoanalítica. En nuestro país, Honorio Delgado (1898-1969) se interesa por el psicoanálisis a principios de la segunda década del siglo XX. El fundador de la psiquiatría peruana se convierte en uno de los primeros latinoamericanos en estudiar y recibir reconocimientos por sus publicaciones sobre la teoría freudiana (Mariátegui, 2002). Delgado mantiene una significativa correspondencia con Freud y divulga y practica el psicoanálisis por varios años. A fines de los años 30, sin embargo, hace un giro: denuncia el psicoanálisis como poco científico y se vuelca a la neuropsicofarmacología.

Esto lleva la historia del psicoanálisis en el Perú a una postergación de décadas. Justamente a inicios de los años cuarenta, otros países latinoamericanos, como Argentina o Uruguay, inauguran sus sociedades psicoanalíticas, sin duda impulsados también por la migración forzada en el advenimiento del nazismo y la guerra en Europa. Perú está al margen de esta disciplina hasta que otro psiquiatra, el Dr.Carlos Alberto Seguín, el extraordinario jefe de psiquiatría en el Hospital Obrero, motiva a tres psiquiatras a viajar a Londres para formarse como psicoanalistas. Estos serían los futuros miembros fundadores de la Sociedad Psicoanalítica del Perú. El Dr. Saúl Peña retorna al Perú en 1969 y emprende ese paradójico camino que llevará de una especialización marcada en sus inicios por psiquiatras a la incorporación mayoritaria de otras disciplinas, principalmente los psicólogos.

El Perú tiene la particularidad histórica de que desde su inicio, el psicoanálisis no tuvo cabida en las facultades de psiquiatría. La psiquiatría peruana rechaza la inclusión del psicoanálisis en su formación y son más bien las facultades de psicología las que lo acogen. Este es un caso diametralmente opuesto al que se presentó en la sociedad norteamericana. El psicoanálisis norteamericano requirió de un juicio por discriminación para, recién en 1985, permitir el acceso igualitario de los no-médicos a los institutos de psicoanálisis. Es evidente cómo estas diferencias expresan distintas tendencias sociales, económicas y culturales entre nuestras sociedades. Pero son también expresión de las inevitables fuerzas que se oponen a “la peste” del pensar psicoanalítico.

Esta oposición no sólo se da fuera sino también dentro de nuestras instituciones. El pensar psicoanalítico según Bion, es una función de la personalidad que contiene la capacidad de soñar, es decir, elaborar nuestros problemas conscientes e inconscientes (Ogden, 2008). Complementariamente, su trabajo nos habla también del hecho que nuestros pensamientos más perturbadores -que provienen del periodo primario y de experiencias impensables- necesitan procesos más complejos de transformación para poder ser soñados. La gran dificultad de dar cuenta de esos aspectos primarios que surgen inconscientemente en los vínculos transferenciales y contratransferenciales es evidenciado en toda institución. Este es otro aspecto que le da sentido a los conflictos históricos en los institutos de formación psicoanalítica.

En nuestro país, en otro nivel de comprensión, las características históricas y sociales de brechas profundas y de abismos excluyentes tienen también un rol que jugar. La penetración del psicoanálisis en nuestra fábrica social y cultural es aún mínima. Las grandes mayorías de nuestro país -aún en Lima- no tienen acceso a un psicólogo o psiquiatra, mucho menos a un psicoterapeuta o analista (MINSA, 2013 y Defensoría del Pueblo, 2008). La salud mental es el último eslabón en un sistema de salud que sigue siendo dramáticamente insuficiente, a pesar del desarrollo económico de las últimas décadas. Una sociedad tan desigual no puede estar muy interesada en la potencialidad de un pensar que contribuya a develar los violentos aspectos suprimidos de nuestros vínculos históricos y presentes.

 

Los inicios de Intercambio

“El experimento que es el psicoanálisis está fundado en

una paradoja: el psicoanálisis es un conjunto de ideas

y principios sobre técnicas en evolución… y aun así, al

mismo tiempo, es la responsabilidad de cada analista

el reinventar el psicoanálisis para cada paciente y

continuar reinventándolo a través del curso del análisis”

Thomas Ogden

Venimos, pues, de una historia compleja en el psicoanálisis y en el Perú. Sin embargo, a pesar de todo, es una historia que tiene aspectos de una continuidad vital. Respecto a la formación psicoanalítica existe una multiplicidad de avances. Tenemos más recursos a la hora de enfrentarnos a una tarea tan importante y difícil. Mucho ha sido creado en el psicoanálisis, que perdura. Hay una tradición de trabajos que reflexionan sobre los procesos de admisión de candidatos (Israelstam, 2015), distintas posturas sobre supervisión de casos (Casement, 2002) y el lugar privilegiado de la observación de infantes (Magagna et al, 2005). En suma, los modos de transmisión de la teoría y la clínica han sido ampliamente pensados. Estos antecedentes constituyen importantes referentes y nos orientan.

Inter-Cambio es un instituto que nace, hace solo tres años, de un pensar colectivo de experiencias y aprendizajes múltiples y complementarios. Surge de una integración. Hay una coherencia en el grupo fundador. 1) Un enfoque teórico: psicoanálisis contemporáneo, partiendo siempre de Freud, pero enfocándonos en lo post-kleiniano, post-winnicottiano, post- Bioniano, relacional, latinoamericano; 2) Un enfoque clínico: la búsqueda de la verdad y la ética vincular al centro de la relación terapéutica; 3) Un enfoque en la importancia del aporte del psicoanálisis más allá del consultorio para la vida de nuestro país y 4) Un enfoque que reconoce que el aporte de esa riqueza sólo puede tener sentido si se intercambia con el saber de otras disciplinas (la psiquiatría incluida), otras regiones de nuestro país y nuestro continente, otros ámbitos de lo humano.

Hay también una coherencia en el amoroso diseño de la institución. Primero en el comité consultivo. Se invita a siete analistas de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis, a uno de la Asociación Psicoanalítica Argentina y a uno que, siendo peruano, lleva toda una vida en el Instituto Psicoanalítico de Londres*. Más allá de la diversidad y la excelencia profesional individual, nuestra elección busca -¡y encuentra!- un grupo de apoyo al continuo pensar de los retos institucionales. Este, por supuesto, no es sólo un pensar académico. Es el pensar consciente e inconsciente, basado en la confianza de que nuestro grupo de consultores sueña también nuestro sueño y apuesta con su contribución a que lo creado se preserve y crezca.

El segundo aspecto de cuidado es la rigurosidad en nuestro encuadre institucional: criterios de selección basados en una referencia acordada sobre potenciales competencias y capacidades; criterios de selección de analistas y psicoterapeutas para las listas de terapeutas didácticos y supervisores; criterios de selección de profesores; reglamento institucional de los principios y reglas de la formación para nuestros alumnos, etc. Por último, se arma una malla curricular detallada y se privilegian ciertos modelos didácticos, que además incluyen la tutoría individual y grupal. Es un proceso de gestación laborioso el que nos prepara para el nacimiento de Inter-Cambio. Todo parece pensado y preparado.

* Mayela Falvy (Perú), Luis Herrera (Perú),

León Kleimberg (Inglaterra), Jaime Lutenberg

(Argentina), Stella Mohme (Perú), Francisco

Otero (Perú), Jorge Parodi (Perú), Elena Piazzon

(Perú), Marga Stahr (Perú).

 

La experiencia de iniciar: el sueño y la realidad

“Soñar: Al igual que las estrellas

permanecen en el firmamento aún cuando

su luz es oscurecida por el brillo solar, así

también, el sueño es una función continua

de la mente aún cuando nuestros sueños

sean oscurecidos de la consciencia por el

brillo de la vida al despertar”.

Thomas Ogden

Sería ingenuo pretender que, junto al sueño como elaboración y pensamiento, no se encuentre también el sueño como satisfacción de deseos. La idealización y la omnipotencia son aspectos parciales e inevitables antes de todo inicio. Todos los comienzos cargan una historia anterior. El recibir el nacimiento de una hija, el inicio de una relación terapéutica y el iniciar un instituto que forma psicoterapeutas psicoanalíticos están inevitablemente teñidos de memoria y de deseo. Pero si se está atento, uno se encuentra con las partes desconocidas, inesperadas de uno mismo y del otro, desde el primer instante. Es parte del proceso de descubrir al otro, abriendo espacio a lo nuevo.

Como se ha dicho antes, Inter-Cambio se establece como un proyecto muy soñado. Aun así, avanzamos con la conciencia de que nuestro soñar iba al encuentro de otros sueños y otras necesidades específicas. Las expectativas de los candidatos, los profesores, las necesidades de la realidad social, es decir, un torbellino de vientos agitados entre los que aprender a volar.

Más allá de la responsabilidad por la tarea, todos -candidatos, profesores, las personas que se encargan de la administración y los miembros del directorio- entramos al encuentro institucional cargados de idealizaciones, fantasías y temores conscientes e inconscientes. Es conmovedor y deslumbrante el empezar, el vivir un sueño que cobra vida. Hay un periodo de “enamoramiento”. Todo se echa a andar con bastante fluidez, emoción, alegría. Se instalan los grupos, se enseña, se aprende, la experiencia se siente, se piensa.

Inesperadamente pronto, sin embargo, surgen los primeros desencuentros. Voy a describir algunas instancias del desencuentro que considero tienen áreas comunes a todos los inicios. No obstante hay una especificidad a los primeros tiempos de un instituto que forma psicoterapeutas en la medida que, en cualquier otra formación, las expectativas no incluyen al estudiante en la totalidad de su persona:

I- En las primeras semanas, vamos descubriendo que los cursos iniciales, cuidadosamente preparados, siguiendo un profundo proceso de definiciones teóricas y técnicas, requieren un ajuste inmediato. El entusiasmo y la ilusión de los profesores termina armando cada curso, como si fuese el único. Nos encontramos excediendo el límite de cuántas lecturas son digeribles en un semestre (una candidata habla de cómo le parece todo fascinante y valioso pero, no obstante, se siente “sobre-alimentada”). Descubrimos que, aun respetando lo riguroso del programa, el ajuste de la carga académica y el modo de ingreso a los temas es único para cada grupo.

II- Sucede que cada grupo tiene su propia dinámica de aprendizaje y, por ende, un proceso de enseñanza original a ser correspondido. El profesor que tiene un estilo maravilloso de comunicación para un grupo puede resultar incomprensible para otro. Pienso que un reto de todo programa de formación es el establecimiento de altos niveles de flexibilidad, para darle el encuentro a cada combinación grupal. La complementariedad de la que nos hablan Winnicott y Liberman requiere de una búsqueda y un esfuerzo permanentes.

III- Otro tropiezo inicial es el descubrir que no necesariamente ser un clínico excelente lo convierte a uno en un pedagogo del psicoanálisis. Parecería contra-intuitivo, pero es así. Hay analistas y psicoterapeutas tan instalados en el fluir de la escucha, el procesar interno y el modo de comunicación de la experiencia clínica, que se les dificulta la postura didáctica que incluye otras capacidades. Este es un tema que amerita una investigación tan seria como la que hay sobre qué candidatos califican para la formación (11). Sin embargo, de lo recogido hasta hoy, considero que, idealmente, son necesarias al menos un número de las siguientes características: 1) Una claridad relativa en la propia síntesis teórica y técnica. 2) Cierta pasión por el placer de la verdad psicoanalítica, por comunicar lo aprendido, por aprender de los candidatos y el estímulo que representa trascender el aislamiento del consultorio. 3) Un uso creativo de lo clínico, cultural, artístico y otros modos de expresión para simbolizar e ilustrar los pensamientos y sentimientos que se intenta mostrar. 4) Es fundamental que el maestro de psicoanálisis tenga una capacidad de reconocer su rol en la vincularidad consciente e inconsciente en cada dinámica grupal.

IV- Finalmente, los vertiginosos cambios que el consumismo y la tecnología han generado en los modos de comunicación, representan un reto a la continuidad del método ‘artesanal’ en la transmisión del psicoanálisis. Aparecen asuntos como la diferencia generacional en la adquisición de información y el aprendizaje. Por ejemplo, algunos estudiantes esperan presentaciones en power point como síntesis legibles mientras algunos maestros se prefieren aferrar a la vitalidad de su palabra. Se abren ‘otras ventanas’ en las computadoras de los estudiantes en clase. Surgen dudas como: ¿qué se preserva?, ¿qué se adquiere?, ¿qué se cuestiona? Parecieran asuntos triviales, pero son eventos que contienen impasses importantes en el diálogo inter-generacional y el desarrollo de la tarea. ¿Cuándo lo virtual amenaza con vaciar el contenido? y ¿cómo incorporar el hecho de que puede ser un aporte insospechadamente enriquecedor? En internet, es infinita la capacidad de obtener información, comunicar e ilustrar experiencias de todo tipo. El ingreso masivo de los medios virtuales en el consultorio tiene su correlato en el salón de clase. La transformación tecnológica requiere de precisiones que convocan una reflexión continua. Por ahora, tecnologías como Skype nos han permitido la maravillosa experiencia de incluir clases con profesores de Buenos Aires, Sao Paulo y Londres. Sin embargo, creo que es necesario lograr traducir la profundidad y la complejidad al incorporar los nuevos medios.

 

Lo pensable y lo impensable en los inicios

To go into the dark with a light is to know the light.

To know the dark, go dark. Go without sight,

And find that the dark, too, blooms and sings,

And is traveled by dark feet and dark wings

Wendell Berry

Es imposible lograr inicialmente la comprensión de todos los ámbitos vinculares que se despliegan en un encuadre institucional. Primero, están las respuestas conscientes a la tarea; se ajusta, se corrige y se cambia lo que interfiere. Se usan los acotados espacios grupales para el intercambio con los distintos grupos, se toman decisiones operativas. Pero hay en la emisión y en la recepción de estos eventos, comunicaciones conscientes e inconscientes grupales que incluyen lo que Bleger (2014) denomina la “sociabilidad sincrética”, es decir, los aspectos de relación más primarios y fusionales. Jaques (1955) sostiene con claridad una idea expresada por otros autores: “Los individuos usan las instituciones como defensa contra las ansiedades paranoides y depresivas primarias”. (p. 478). Aquí se encuentran los grandes retos al pensar y cuidar el sueño de un instituto de formación.

Como es de esperarse, los desencuentros generan movimientos transferenciales y contratransferenciales que, por momentos, pueden ser muy intensos. Aparecen nuestros lados oscuros. Es importante no confundir estos sentimientos y su dinámica con el hecho de que las fallas reales requieren reparación y respuesta. Sin embargo -y creo que aquí está el talón de Aquiles en muchos institutos de psicoterapia y de psicoanálisis- la elaboración de estos perturbadores aspectos vinculares requiere compromiso y verdad.

Billow (2005) habla de las dificultades del uso de la contratransferencia en el trabajo grupal. En ese sentido, se requiere de un encuadre institucional que permita sostener la mirada analítica y la comprensión de las emociones que cada sub grupo pueda encarnar. Esto implica también, poder diferenciar los ajustes requeridos por los problemas objetivos de los eventos que corresponden al eje transferencia/contratransferencia institucional.

Generalmente, si hay cohesión y sintonía, estos asuntos se elaboran internamente. Sin embargo, a veces se requiere de una consulta externa con el reconocimiento de las dificultades y la verdad vincular consciente e inconsciente detrás de esas dificultades. Sólo así se puede crear la capacidad de mirar estas comunicaciones como una invitación para explorar el proceso intersubjetivo en toda su complejidad (Billow, 2005). El sostener la institución como un grupo de trabajo que realice su tarea hace indispensable no perder de vista los aspectos más primarios del vínculo institucional que interfieran con su realización. He ahí nuestro compromiso y nuestro reto.

 

Los inicios y el futuro

Este año se completa nuestro primer ciclo institucional. La primera promoción de psicoterapeutas de Inter-Cambio concluye su formación académica. Por ahora, hay mucho enseñado pero, sobre todo, mucho aprendido como institución. El tránsito de la idealización a la realización ha requerido del intento de incluir la particular combinación grupal de cada momento.

El proceso creativo de una institución psicoanalítica es particularmente tentativo e imperfecto. Se requiere prestar atención a la instalación de los roles y las funciones de todos los sub-grupos: Las personas de mantenimiento, la directiva, los candidatos, los profesores, la administración y el comité consultivo. Esto implica un permanente transitar de lo consciente y pensado, a los aspectos inconscientes e impensables, de cada uno. La discusión de los aspectos difíciles podría confundirse con resaltar lo negativo.

Todo lo contrario, expresa una profunda convicción psicoanalítica. La búsqueda de la verdad vincular institucional, en todos sus aspectos, es una apuesta por una institución viva y sana. A su vez, esta es una postura que considero de particular relevancia para pensar los vínculos en nuestro país.

Finalmente, aspiramos a que la institución siga ampliando su capacidad de convertirse en una fuente de evolución que favorezca el aprendizaje y propicie el desarrollo de cada candidato. Para todos los miembros del Instituto Inter-Cambio, el sueño se dirige a llegar tan lejos en la integración como se pueda. Asimismo, está la paradoja de que los procesos de formación propician transformaciones que se dirigen a la separación. Nuestro sueño es que se mantenga la pertenencia, pero también que cada candidato y cada sub-grupo de la institución pueda desplegar su luz propia y sus alas.

Liliana Blaustein

Liliana Blaustein

Psicoterapeuta y magíster en Psychiatric social work. Es la directora ejecutiva de Inter-Cambio, Instituto de psicoterapia psicoanalítica y miembro fundador de Nuna Psicólogos. Se desempeñó como Directora académica de la Escuela de Psicoanálisis Clínico y Aplicado (EPCA). En su trabajo clínico se especializa en la atención a adolescentes, adultos y grupos.